Cartas Garabatas

Mi primera experiencia laboral en el “Primer Mundo”

Ayer fue mi último día en un trabajo que después de unos meses, era mi razón de mal humor y malestares físicos. No tienen la idea de lo libre y feliz que me sentí. Nunca había llegado a la casa y después de abrir la puerta gritarle a mi novio – ¡Estoy desempleadaaaaaa! – como saludo. Luego salió él de la sala y me dijo – Todavía no, estás de vacas hasta final de mes. Luego vas a estar desempleada. –

Regresé a Austria, mi segundo país por accidente, hace ya más de un año y medio, y mi primer problema fue que toda mi vida había trabajado en Latinoamérica, había estudiado en Latinoamérica y nadie me quería contratar porque no confiaban en que pudiera ser capaz (no sé de qué). A los 10 días de estar buscando trabajo, finalmente acepté ir a ver la opción de trabajar en un hotel. La verdad, es que el mundo de la gastronomía me parece muy interesante y bonito, yo misma tuve un pequeño hostal con unos amigos en León, Nicaragua y fue una experiencia increíble. Así, que pues acepté. En ese entonces, estaba empezando a salir con el que ahora es mi novio y me dijo – No aceptes. Aquí son unos explotadores, no te pagan bien y te van a tomar como la PTM por verte extranjera. – Yo lo que quería era un trabajo para irme de la casa y no seguirle viendo la cara a mi papá.

Al principio todo bien, aprendiendo cómo tratar con la gente aquí y los sistemas que se usaban para hacer reservas y administrar todo el rollo de la recepción. Lo primero que noté, fue que la que nos estaba dando el entreno era una persona con cero tacto para tratar a las personas, se burlaba en tu cara si no entendías y parecía molestarle cada pregunta que le hacías. La verdad es que me dio igual porque se iba por licencia de maternidad unos meses.

Luego empecé a notar el complejo de superioridad o complejo de jefe que tenía la administradora del hotel. ¡HORRIBLE! Puedo decir que en mis 30 años, jamás me había tocado lidiar con una persona tan inmadura profesionalmente hablando.

Si alguien preguntaba por el o la manager, ella se ofendía porque ¿cómo era posible que nadie supiera quien era ella?. Se metía en tu vida personal, quería salir de fiesta, decirte con qué colegas tenías que pasar tus ratos libres y te controlaba los 30 minutos que tenías de descanso. No sé si por aburrimiento o qué, a veces salía a ver si en el escritorio de recepción había un vaso que no tenía que estar ahí para decirle el chiquero y alboroto que tenías, borraba información de recordatorio para lxs otrxs colegas porque ya deberían saberla, si le gustaba un cliente salía ella directamente a ver cómo podía mantener contacto, si le pedías que por favor te diera más turnos por la mañana, te daba los de la tarde y viceversa. Además le gustaba alardear de los “premios” ganados por tener “tantos extranjeros” en su hotel, contrataba a sus amiguis para puestos para los que no estaban preparados y creía que los extranjeros no conocían sus derechos laborales. Así que yo no era de su agrado. Y ni hablar de los comentarios racistas que ella creía que eran chistosos, porque pues ella es blanca y austriaca y aprendió a contar en este país, no como esos extranjeros que saber en donde estudiaron.

Siempre decía que le encantaba la “gente morena”, pero en su hotel los puestos de dirección no veías a nadie que en su vida haya estado expuesto al sol. Si sabías más de la cuenta le molestaba porque no la necesitabas, y si la necesitabas mucho, que por qué jamás aprendías nada. Realmente en mi vida, me había topado con alguien en posición de “jefe” que fuera tan bi, o hasta tri-polar. Jamás sabías el estado de ánimo con el que iba a llegar un días o si te iba a gritar, ignorar o hasta decir que comieran juntas.

Cuando finalmente decidí decirle que me iba porque quería seguir estudiando, OBVIO no le gustó la idea. No me quiso dar un acuerdo mutuo de renuncia para no tener que pagarme la liquidación y para bloquearme durante un mes en el Servicio de Mercado de Trabajo, una institución en Austria que te paga un salario mínimo durante tu tiempo de desempleo. Muchos me dijeron que no renunciar, pero la verdad es que no solamente tengo dignidad humana, sino como trabajadoras y además conozco mis capacidades.

Durante este tiempo he podido informarme del sistema educativo y laboral de Austria. En Latinoamérica no tenés posibilidades de conseguir un buen puesto de trabajo si no vas a la universidad, aquí la universidad no es necesaria, tenés otras opciones de educarte y seguir el camino que vos decidas. Lo difícil es, que el sistema está hecho para crear trabajadores eternos, así que si decidiste ser carpintero, cambiar de carrera es un proceso largo y tedioso, pero no imposible.

En eso ando estos días, decidiendo en qué quiero o voy a hacer, pero puedo asegurarles que nunca en mi vida me había sentido tan libre como hoy, sabiendo que no tengo que regresar a ese “lugar de trabajo.”

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