A 2 años de abril

Abril-2018 en Nicaragua 

Monimbo.MAA
Foto de MAA

Cuando pienso en abril del 2018 todo es muy confuso, emocional e intenso. Tengo la sensación que todo lo que sentimos durantes ese mes y los que vinieron después, regresa al cuerpo. Durante ese mes, mi país era una olla de presión social y mi vida personal también pasaba por una época oscura. Creo que por eso todos los recuerdos me revuelven el estómago. Y es que creo, que las personas, no solo recordamos con la cabeza.

Todo era tan incierto, que no saber qué esperar nos provocaba mucha ansiedad. Por lo menos yo noté como la gente a mi alrededor cambiaba. Dormíamos poco y estábamos todo el tiempo a la defensiva, como si en cualquier momento nos iba a tocar correr. Al principio, me sobresaltaba por cada morterazo y luego, de pronto, esos morterazos se convirtieron en una manera de sentirme tranquila, es más, el silencio pasó a ser aterrador y después del ataque a la UNAN y a la iglesia de la Divina Misericordia fue peor. El silencio me provocaba una sospecha de que algo estaba a punto de pasar y además me recordaba lo solitario que se había vuelto todo, porque ya no sabías en quien confiar. Nuestras opiniones políticas y a quien se las compartiéramos, podían ponernos en peligro. Además también sentí que dentro de los opositores de la dictadura, quedamos divididos. Unos querían salir a luchar y encontraban adrenalina estando en las calles, otrxs buscaban otros espacios para apoyar y eran juzgadxs. Unxs eran “más nicas” que otrxs y otrxs se aliaron a agrupaciones que eran la misma cosa, con nombre y color diferente.

MAA.Abril
Foto de MAA

En el ambiente también había mucho miedo, el cual no era solamente por vernos envueltxs de alguna manera en un ataque, sino también por las personas que sabías que estaban detrás de las barricadas o en las montañas apoyando a algún movimiento. No sabías si ibas a volver a ver a amigos, amigas, conocidas y muchxs, no sabían si iban a volver a ver a alguien de su familia. Muchxs nos sentíamos además, impotentes por estar de acuerdo con la causa de la lucha, pero sin poder hacer gran cosa para cambiar la realidad. Esta impotencia me sigue persiguiendo hasta hoy en día, porque Ortega y Murillo siguen ahí, mientras a nostrxs no toca seguir resistiendo desde cualquier espacio y de alguna manera.

Dentro de todo ese revoltijo de emociones, también se encontraban esas que te provocaba el orgullo y el patriotismo, la adrenalina, las ganas de seguir gritando e ignorando el calor y la temperatura del pavimento de la calle, mientras alzabas la bandera azul y blanco. A toda la ansiedad se le sumaba la alegría de sentir que Nicaragua se estaba unificando por una meta en común. Con el tiempo te diste cuenta, que la meta sigue siendo la misma, pero las maneras de llegar a ellas han cambiado. Normal.

Es tanto lo que siento a través de mi memoria y los recuerdos que tengo de abril, que creo que las palabras se quedan cortas. Creo que por eso hoy he despertado con un leve temblereque de ansiedad y con la sensación de que algo va a pasar.

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