Cartas Caóticas

Mi encuentro con el amor romántico

Una historia de mi asesinato emocional

Si hace algunos años hubiera contado con las herramientas para reconocer e identificar las violencias ocultas en una relación de pareja, así como si hubiera tenido un poco más de conocimiento sobre el amor romántico, los síndromes de princesas de Disney y de cómo nos han vendido una idea errónea de lo que debería de ser el amor, me hubiera ahorrado mucho sufrimiento.

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En los últimos meses me he dedicado a entender la situación de violencia emocional y psicológica que me tocó vivir con mi último ex. Durante toda la relación estaba en negación, o tal vez fue mi ignorancia lo que no me dejaba ver que estaba viviendo un noviazgo tóxico y destructivo. Ponerle un límite y decirle que hasta ahí se acababa todo, fue doloroso, no lo voy a negar, así como no voy a negar que muchas veces me imagino qué hubiera pasado si le hubiera perdonado su última infidelidad.

Es difícil imaginar qué haríamos en los zapatos de una persona, cuando no nos ha tocado vivirlo a nosotras. Pero yo siempre dije que jamás perdonaría las mentiras, ni las infidelidades, así como que jamás permitiría que alguien me manipulara y manejara a su antojo y al final, me pasó con el hombre con quien menos lo esperé. Pensé que por ser una persona preparada en una de las mejores universidades del mundo, por venir de un país considerado como desarrollado (en términos occidentales), en donde los temas de género no son tan taboo como lo son en los países latinos y por tener una familia que siempre lo ha apoyado, sería diferente. Pero es que no solamente el machismo jugó un papel importante, también su personalidad narcisista. Como no soy psicóloga no tengo ni idea si uno tiene que ver con lo otro. Pero la combinación de ambas, pueden dejarte marcada.

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Proyecto Bohemia

A él jamás se le pasó por la cabeza golpearme o maltratarme físicamente, pero sí lo hizo haciéndome creer que estaba loca por imaginar cosas que no estaban pasando. Esto me lo hizo saber de la manera más tranquila y dulce, por lo que el recuerdo se quedó guardado muy profundo en mi memoria. Una vez mientras lloraba me abrazó y susurró al oído que nada de lo yo creía estaba pasando realmente, que todo estaba en mi cabeza. Me tuve miedo a mí misma, porque de verdad creí que lo estaba inventando yo. También me hacía sentirme culpable por todas sus malas decisiones tomadas. Llegó un momento donde creí de verdad, que quien estaba mal era yo, caí en depresión. Por un lado sabía que algo estaba pasando y por otro, no quería dejarlo. Estábamos viviendo juntos y yo creía que con el tiempo las cosas iba a ponerse mejor. Pero nadie cambia por nadie más.

Después de unos meses de oficialmente ser novios, me dijo que tenía problemas con el alcohol y desde ese momento, fue una liberación para él porque todo se justificaba en que estaba borracho o que la estaba pasando mal por la resaca. Empecé a leer sobre cómo ayudar a los alcohólicos, pero todo terminaba en peleas, gritos y durmiendo en cuartos separados. Contacté hasta a su mamá para pedirle ayuda y confesarle que no sabía cómo lidiar con la situación. Nada ayudó. Él me decía que por lo estresado que le hacía sentir, no le quedaba que beber para olvidarse de la situación.

Entre el alcoholismo y su personalidad de narcisista, mentiroso y manipulador, quien paró perdiendo la batalla fui yo. Al final de la relación, su familia se quedó con una imagen mía que él les vendió. Yo estaba mal, pero jamás contó por qué llegué a estar tan mal y deprimida.

Abandona a Diego
Creación: Deskgram

Si hubiera contado con las herramientas, con las que cuento ahora para poder identificar la violencia dentro de una relación, me hubiera ahorrado mucho dolor. Hubiera podido huir de la escena, antes de lastimarlo y lastimarme a mí misma. No hubiera puesto en juego mi salud mental. Pero no las tenía, porque mi mamá tampoco las tuvo, ni tampoco mi abuela. Porque por generaciones y generaciones hemos ido repitiendo patrones de comportamiento de nuestras antepasadas porque la sociedad nos ha hecho como ha querido que seamos. Somos las que aguantan por el qué dirán, por los hijos, por la familia, por las cosas materiales, por el miedo a la soledad. Nos han hecho creer que somos las responsables de cargar con la mierda de cada persona que nos topamos en el camino, nos han hecho creer que podemos convertir al monstruo en príncipe, y todo en nombre del amor.

Lo que me pasó a mí, me gustaría poderlo compartir con otras mujeres más jóvenes, de mi edad o más adultas. Porque seguirá pasando si no educamos a nuestras hijas e hijos de manera diferente y mientras no aprendamos a enseñarles a responsabilizarse de sus acciones. Ni las mujeres estamos para ser responsables de la felicidad de alguien más y ni los hombres están para creer que pueden ir por la vida hiriendo a cada persona que se topen porque igual se les va a perdonar.

El amor no debería de tratarse sobre herir, ni manipular, ni mentir a la persona que decimos querer. El amor debería ser compartir responsabilidades y respetar los espacios personales de la otra persona, debería ser confianza y honestidad para poder crear una relación de igualdad en donde ambas partes estén de acuerdo con las propuesta. Debería ser lo que vos y la otra persona quieran que sea, evitando que sea un asesinato emocional. Porque si duele, definitivamente no es amor.

2 comentarios en “Mi encuentro con el amor romántico”

  1. Si hubiera contado con las herramientas, con las que cuento ahora para poder identificar la violencia dentro de una relación, me hubiera ahorrado mucho dolor. muy muy cierto, creo que estos temas deberían ser parte de la educación básica. muchas mujeres dicen: si lu supiera antes…yo también en algun momento dije esto…gracias por desarrollar este tema tan importante

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