Cartas a mi tierra

Los efectos secundarios de ser una exiliada

Hoy tuve un sueño.

Me encontraba de regreso en Nicaragua, mi país de nacimiento. Estaba con las personas que conocí durante los cuatro años que viví como adulta ahí. Muchas de esas personas han migrado, han escapado, han salido huyendo de la represión de Daniel Ortega. En mi sueño, estaba de regreso a mi antiguo trabajo, con mi antiguo jefe, con algunos compañeros y compañeras. En mi sueño, estaba en la casa que compartí con mi ex. Pero también en mi sueño, me encontraba en el país donde estoy ahora.

Estuve platicando con una amiga por WhatsApp esta mañana y me rompía el corazón de escuchar lo triste y sola que se encontraba estando en Nicaragua. También muchas personas que la rodeaban se fueron, incluyéndome. Ella y yo fuimos el pilar de la una y la otra durante los último cuatro meses que estuve prisionera en mi casa. Porque eso era, prisionera. Del trabajo iba a la casa y no salía más. Mis amigas y mis amigo se fueron, mi ex pareja también se fue y solo quedamos ella y yo, para mantenernos cuerdas. El resto de personas decidieron mutar y distraerse en otras cosas como las drogas y las noches de fiestas peligrosas. Digo las noches de fiestas peligrosas, porque la crisis política sigue ahí y las y los jóvenes se exponen a cualquier cosa con la policía acechándoles. Nosotras dos, decidimos pasar tiempo en lugares privados, como nuestras casas. Entonces sí, fuimos prisioneras en nuestros hogares.

MAA10

Yo decidí irme porque la tristeza era demasiada, la noche de mi despedida, ella también estuvo ahí para escucharme llorar lo mucho que me costaba irme, pero también quedarme. Creo que si mi decisión de abandonar Nicaragua hubiera sido en otras circunstancias, por supuesto que hubiera habido un duelo, pero no un duelo obligado. Pensé que yéndome me iba hacer sentir mejor, por un momento se sintió así. Me fui a visitar amigas y amigos a otros países y a crear memorias positivas, después de haber estado demasiado triste.

Ahora que me ha tocado reiniciar mi vida en otro lado, lejos de las personas que pueden entender un poco cómo me siento, porque lo han experimentado, la verdad me hace sentirme muy solitaria. Vivir a mi manera, la crisis política de Nicaragua, me cambió. Las cosas que antes hacían sentido para mí, ya no lo hacen. Compartir espacio con personas que no han desarrollado su lado empático y siguen estancados en su egoísmo ante el mundo, ya no me interesa. Y quizás no entiendan mi cambio o mi carácter que antes no estaba ahí, pero es que vivir una crisis política que te hace tomar decisiones de dejarlo todo, no es fácil y deja traumas.

Hoy estoy extrañando estar en Nicaragua, no porque quiera vivir nuevamente encerrada en mi casa, sino por la idea que en mi memoria quedó guardada de todos aquellos momentos felices que tuve. Y sí, muchas veces me quejé del país, su machismo y de toda la burocracia y lo seguiré haciendo, lo que no quita que me sienta parte de él.

Este proceso de intento de recuperación de mis traumas vividos durante esos meses y la aceptación de una identidad que no entendía por mucho tiempo, son parte de un crecimiento personal, lo sé. Algún día toda esta experiencia de migrar, de empezar de nuevo, de extrañar y de sentirme perdida, tendrán algún sentido. Por el momento no lo he encontrado y solo me queda escribir cartas desde otro lado del mundo, extrañando mi cuna.

1 comentario en “Los efectos secundarios de ser una exiliada”

  1. Habemos muchas personas que como tú compartimos el mismo sentir. A veces yo también quisiera estar de vuelta en Nicaragua (no hace falta decir que nuestro país es hermoso desde su geografía hasta su extensión y su variedad de regiones geoculturales: Jinotega, Corn Island y Granada, son tan distintos, por ejemplo), pero también pienso en lo devastada que está la sociedad hasta en su manera de pensar y de ver la vida. Me doy cuenta cuando veo a una señora del mercado o a un profesor de secundaria o a mis vecinos en Managua: la dictadura les cambió hasta la manera de ver la vida. Todo es pesimismo y desesperanza, y ese es el efecto secundario de quedarse, de haberse quedado, de no huir.

    Te felicito, excelente artículo. Me gustó mucho.

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