Cuentos y Relatos, Cartas Viajeras, Cartas Cuenteras

El beso en el metro

¿No te ha pasado que alguna vez en tu vida tomaste una decisión de la cual no estabas tan segura y al final te preguntaste qué hubiera pasado si hubieras hecho lo contrario?

Lo conocí una madrugada a las tres de la mañana, mientras esperaba el metro para ir a casa después de una noche de fiesta con una amiga. Tengo que confesar que yo tampoco estaba en mis cabales, no estaba tan ebria como mi amiga, pero definitivamente no estaba sobria. Stefanie no dejaba de hablar a todo volumen sobre los chicos de la noche y como uno no nos había hecho caso, yo ni recordaba la cara del pobre pendejo del que hablaba.

-Pero, es que ¿estamos muy guapas no? – Me preguntó.

-Pues si. Pero igual y tenía novia o simplemente no le gustamos. – Le contesté

-¡Ay ya! ¿A quién no le vamos a gustar? –

Mientras Stefanie bailaba de aquí para allá, noté que el chico que estaba sentado a la par mía había sonreído al escuchar nuestra plática. Le dije a Stefanie que bajara la voz, que la gente notaría que estábamos un poco ebrias. El chico volvió a sonreír.

– Stefanie, bajale. Creo que la gente entiende de qué estamos hablando. Por lo menos este chico aquí, lo entiende. – Dije, mientras volteaba a ver al chico que tenía sentado a la par mía. Él sonrió.

-¡Ay no nos entiende! ¿O sí? – dijo Stefanie, echándose una carcajada.

-Tal vez un poco. – Contestó el chico.

Yo solo me eché a reír.

-Te dije que alguien nos iba a entender. Que estemos hasta el otro lado del mundo no quiere decir que alguien no pueda entender español. ¿Por qué hablas español y qué tanto entendiste? – Le pregunté a mi compañero de la par.

-Todo. Viví mucho tiempo en España y bueno, aprendí un poco supongo. – Contestó sonriendo.

Algo en mí se sintió atraída por aquel extraño. Le pregunté cuántos años tenía y me dijo que adivinara.

-Hmmm ¿unos 30? – dije, porque realmente pensé que tenía esa edad.

-Tal vez un poquito más. ¿Ves este pelo de aquí? Ya se está poniendo blanco. – Se quitó el gorro que llevaba puesto y me mostró su pelo.

-¡Eso no dice nada! He conocido a chicos de 26 que ya tenían algunos pelitos blancos en la barba. –

-Vale, pues tengo 37. – Me contestó.

Finalmente llegó el metro y nos despedimos de él. Él también se levantó y dijo que iba para la misma dirección. Se sentó frente a nosotras y seguimos hablando de su época en España y de qué hacíamos nosotras en Austria. Las estaciones iban pasando, mientras nosotras compartíamos risas con aquel extraño. Después de unas cuantas estaciones, nos tocó la nuestra. La puerta se abrió y Stefanie y yo nos despedimos del chico, salimos del metro y estando unos segundos sobre la estación, un impulso de querer besarlo se apoderó de mí. En ese momento fue como si el tiempo se detuviera, era como si el universo me estuviera dando una oportunidad de tomar una decisión que me iba a cambiar el resto de la vida.

Aquel beso espontáneo que tuve que darle a aquel desconocido me trajo una historia en donde 10 años después estaríamos sentados en un pequeño restaurante de una ciudad austriaca recordando la noche que nos conocimos. Dando gracias con una copa de vino, el día de nuestro aniversario, por nuestra hija, nuestra casa en las montañas, nuestros viajes hechos e historias escritas.

Pero nada de esto pasaría en realidad. Yo había decidido ignorar mi impulso y había permitido que la puertas se cerraran a mis espaldas. Aquel beso en el metro nunca pasó.

1 comentario en “El beso en el metro”

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