Cartas Viajeras

Con la mochila a los hombros por cinco días: Un relato de Santiago de Compostela – O Pedrouzo

¿Crees en fantasmas?

Unos días después de la muerte de Jony, me encontraba en la oficina sola, por lo que aproveché a escribir unas cuantas palabras para despedirme de él. Le llamé Requiem.

Bueno, pues. Durante unas horas me dediqué a pensar en Jony y traer al presente memorias que habíamos construído juntos. Jony fue una persona muy positiva y aventurera. Le encantaba la adrenalina y todas las actividades que se pudieran hacerse en la naturaleza. Creo que su muerte despertó en mí una sensación de querer vivir y hacer muchas cosas que me daban miedo. Esa misma semana viajé a Guatemala y por primera vez me aventuré a hacer “rafting” en el río Cahabón en Cobán. Pero esa es otra historia, regresemos a mi oficina.

Después de haber terminado de escribir mi Requiem para Jony, le di una última leída. Al terminar de hacerlo en mi oficina se activó uno de los altoparlantes que tenemos en caso de tener que evacuar. Este se encontraba en el cajón de un mueble y de la nada empezó a sonar. Yo pegué un brinco de la silla y por un momento no supe qué hacer. Realmente me había agarrado desprevenida, pero al final me eché a reír. – Sé que estás aquí Jony. Yo también te quiero.- Fue lo único que se me vino a la cabeza.

Puede ser que algunos creamos en fantasmas y otros no. Puede ser que haya sido la energía de Jony que se encontraba ese día cerca de mí, pudo haber sido otra cosa lo que activo al altavoz, no importa. Me gusta creer que él estaba ese día en mi oficina. 

vida corta

Cada vez más cerca

Día 4: De Arzúa a O´Pedrouzo, 20 Km

Esa mañana, como todas las mañanas, me costó muchísimo levantarme. Pero aproveché que era todavía muy tempranito y antes que se levantara todo el grupo de colegiales, usé el baño para alistarme y agarrar camino para O´Pedrouzo. Era mi cuarto día y mientras más me iba acercando a Santiago de Compostela, menos quería dejar el camino. Me di cuenta que no quería llegar. Era mi última noche que dormiría en el camino y no había reservado ningún hostal.

IMG_20170621_093722755Ese día tenía que caminar 20 kilómetros, a comparación con el día anterior no era nada. Había sido rico caminar sin mochila por un día, pero me sentí completa esa mañana cuando me puse la mochila a lo hombros y salí del hostal. Las mañanas siempre eran muy mágicas, por el camino encontrabas a todo tipo de peregrino. Los madrugadores que se levantan con todo y a los que van arrastrando los pies y solo se despiertan después de unas horas de caminata. Yo pertenecía al segundo grupo. Hasta que no tuviera mi café por la mañana, no existía y siempre esperaba por lo menos una hora de caminata. A esa hora me encontré con Ruben y caminamos un rato juntos. Cuando yo decidí parar por mi café mañanero, él siguió caminando. Me senté a disfrutar mi bocata con tortilla de patatas, necesitaba los carbohidratos. Se unió el chico alemán con quien habíamos estado platicando el día anterior.

Más tarde me volví a topar con Ruben que había hecho pausa unos 5 kilómetros antes de llegar a O Pedrouzo, las botas que llevaba le estaban molestando. Le dije que me quedaba con él para hacerle compañía y decidimos caminar lo último que faltaba juntos. Entre plática y plática nos pasamos de donde tendríamos que haber ido por un túnel a la izquierda. Tuvimos que preguntar a un señor que se encontraba en su jardín y como no queríamos regresar un kilómetro para ir por el camino correcto, decidimos caminar por la autopista.No había pérdida, igual íbamos a llegar al mismo lugar.

Llevábamos muy buen tiempo cuando entramos a O´Pedrouzo y Ruben me dijo que debía quedarme por lo menos en un albergue del peregrino. Hicimos la fila para que nos sellaran la credencial y nos dieran un lugar. Después de tomar una ducha, decidimos salir a comer. Tengo que decir que fue una de las mejores carnes a la piedra, que he probado en mi vida. Nos dimos un súper banquete que luego con la panza llena, nos fuimos a un barcito a tomar unas cuantas Estrella de Galicia. Era un día caluroso y nos cayeron como anillo al dedo. Se unieron las chicas del día anterior y junto con ellas, dos chicos un poco fresas. Una mesa muy variada, pero que supo pasarla alegre.

estrella de galicia
Unas estrellas bien frías, Ruben y yo en O´Pedrouzo

Cuando las chicas decidieron que se retiraban al hostal, Ruben y yo nos fuimos también. Ya eran como las 11 de la noche y nos habían dicho que cerrarían la puerta del hostal a las 10. Pasamos comprando unas cervezas a una tienda y cuando llegamos al hostal, en efecto, ya estaba cerrada la puerta. Un peregrino de adentro nos abrió. Ruben y yo nos sentamos frente al hostal a compartir historias de nuestras vidas. Relaciones, trabajo, planes a futuro e hicimos planes para volvernos a ver. Dio la media noche y yo decidí irme a dormir, mañana era nuestro último día de caminata.

Esa noche dormí fatal, mi compañero de la par roncaba mucho y me sentía muy incomoda. Decidí que mi último día iba a gastar un poco más, y que tendría una habitación para mí sola, en donde pudiera andar en calzones o desnuda si quisiera. Me puse los audífonos y en algún momento me quedé dormida.

…Buen camino

 

P.D: Todas las fotos fueron tomadas durante mis días en el Camino Francés.

 

 

2 comentarios en “Con la mochila a los hombros por cinco días: Un relato de Santiago de Compostela – O Pedrouzo”

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