Cartas a mi tierra, Cartas y Café

Pertenecer

 

arbol
Foto: Laura Aznar. Guatemala

Dejé el país en donde nací cuando tenía ocho años. Mi papá es de Austria y después de vivir unos años en Nicaragua, supongo que junto con mi mamá decidieron que nos íbamos todas para  Europa. En Austria permanecimos casi dos años y después de aprender alemán de golpe (porque no lo hablábamos en familia) decidimos migrar nuevamente a Latinoamérica. Aquí he vivido (no siempre en el mismo país) durante más de 15 años. En pocas palabras, casi toda mi vida.

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Shenandoah National Park, Virginia

Cuando hablo español no tengo el acento de Nicaragua, cuando hablo alemán no tengo el acento austriaco y cuando hablo inglés no tengo ni acento latino, ni europeo. Y además, mi físico es muy latino y mi cabeza es muy austriaca. Toda mi vida, me han preguntado de dónde soy, de dónde vengo, qué país me gusta más, en dónde me gustaría vivir y mil y una preguntas más. No sé. No sé. No sé. No tengo una respuesta a todas esas preguntas, de hecho, a medida que me he ido haciendo mayor he ido descubriendo que no soy de ningún lado y a la misma vez soy de todos lados.

A veces me he sentido un poco celosa de todas aquellas personas que a pesar que han migrado, saben a dónde pertenecen porque tienen raíces en ese lugar, porque tienen familiares en ese lugar y porque tienen a dónde regresar, una vez que lo quieren hacer. Yo he sentido que no lo tengo. Por mucho tiempo he ido por el mundo sin saber a dónde pertenezco, ni de dónde soy. Después de muchas terapias, también he descubierto que es uno de mis puntos de partida de muchos otras complicaciones emocionales y psicológicas, porque creo que los seres humanos necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo o a un lugar. Si no tenemos un punto de referencia, nos sentimos perdidos. Yo me he sentido perdida por mucho tiempo, pero no es una sensación permanente, son por momentos. Hay días en donde me enorgullezco de esta multiculturalidad y mezclas que tengo, pero hay momentos en donde no sé qué hacer con tanto “chirmol”.

punta
Livingston, Guatemala. 2006

El tiempo que he pasado en movimiento, mudándome y conociendo caminos, he descubierto algo. Quizás no sepa todavía a dónde pertenezco, ni hacia donde voy, ni de dónde vengo, pero sí sé quién soy. Soy toda esa mezcla de idiomas, acentos, sabores, ritmos y colores de todos los lugares que he visitado y en los que he vivido. Puede ser que algunos días extrañe un nido o un hogar, pero no extraño ser alguien que nunca he sido. Prefiero estar perdida por no tener un punto a dónde regresar, a estar perdida por no saber quién soy. He sabido adaptarme a las situaciones, a los países, a los climas, a las personas, a los idiomas y a las culturas. He adoptado costumbres y he hecho cada país, mi hogar.

Quizás nunca vaya a encontrar un único lugar al cual llamar casa, quizás vaya a pasar toda mi vida moviéndome de aquí para allá. Vistiendo a veces un güipil o un dirndl, bailando alrededor de un palo en el Maifest o bailando punta en algún lugar del caribe de Centroamérica, comiendo Schnitzel en un Gasthaus de Austria o gallopinto con tajadas en una fritanga de Nicaragua. Quizás a veces  vaya a extrañar una Gallo, pero quizás otras veces no pueda ni compararla con una Estrella de Galicia. Quizás vaya a pasar el resto de mi vida diciendo que Semuc Champey es mi definición de paraíso o que vaya a encontrar otro paraíso en otro lugar del mundo. Quizás con el tiempo vaya a aprender que no es necesario dividir mi corazón, ni mi alma para encontrar un hogar, quizás ya lo haya encontrado en mí y en lo que soy.

3 comentarios en “Pertenecer”

  1. Ciudadana de un lugar llamado Mundo!! No sé si has leído Crónica del asesino de Reyes (El nombre del viento, El temor de un hombre sabio y el que está por salir Las puertas de Piedra) de Patrick Rothfuss. El protagonista es Kvothe y es un Edena Ruh (perteneciente a un grupo nómada muy peculiar). Te gustará, lo prometo.
    Yo soy española, soy de un pueblito de León pero vivo en Argentina y también he vivido en México. Creo que los que salimos de una zona de confort podemos decir que nuestro hogar es el mundo, sin más. Además creo que eres muy afortunada. Primero, eres un ejemplo de evolución y segundo, eres única 🙂

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    1. Hola Ana! No conozco las crónicas, pero las voy a buscar. Sí. Todas las personaa que hemos salido al mundo creo que nos damos cuenta que las fronteras son un poco ridículas, así como las etiquetas. Me vas a tener que contar qué haces en Argentina 😊

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