Cartas Viajeras

Con la mochila a los hombros por cinco días: Un relato de Santiago de Compostela – Arzúa

Recuerdo que un día Jony me llamó al teléfono y me preguntó qué iba a hacer por la tarde. Le dije que no tenía muchos planes.  – ¡Acompañame! Tengo que ir a hacer unas vueltas. – A veces era un poco difícil aceptar hacer “esas vueltas” con él, porque nunca sabías con qué te ibas a topar, cuánto tiempo te ibas a llevar. Podían ser unas horas o podían ser todo el día. Decidí acompañarlo.

En efecto, esas vueltas fueron todo el día. Salimos de la Ciudad de Guatemala hacia Escuintla, un pueblo en donde su familia tenía unos negocios y él tenía que llevarle materiales que necesitaban, pasar dejando a su perro (casi más grande que yo) al estable en donde cuidaban su caballo. No sé por qué razón. Almorzamos comida china con su mamá, que era primera vez que conocía, pero que él se lo tomó de lo más tranquilo del mundo.

De regreso a Guatemala nos desviamos y subimos por Antigua Guatemala, al empezar a bajar hacia la ciudad hay un punto que se le dicen el Mirador. Ahí podes parquear el carro, tomarte un atolito, arroz con leche y comerte unos tamalitos, enchiladas o dobladas (una de mis favoritas). Eran las seis de la tarde y todas las luces en la ciudad empezaban a iluminar la noche. Compramos un atolito de arroz con leche y nos quedamos simplemente viendo la ciudad. Hacía un poco de frío y cuando decidimos que ya había que regresar, lo hicimos y Jony me pasó dejando a casa, para luego regresar a la de él. Fue un roatrip improvisado y el día con él, había sido largo y mágico.

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Aveces lo más difícil vale la pena

Día 3: Palas de Rei a Arzúa, 30 Km

Rafa nos había comentado que había una opción de hacer las etapas sin mochila, yo realmente pensaba que el chiste era caminar con ella. Pero después de los dos últimos días de camino mi cuerpo me dolía muchísimo y además de Palas de Rei a Arzúa eran 30 kilómetros. Puedo decirles que enviar la mochila al siguiente hostel, fue la mejor decisión que tomé. Esa etapa me costó muchísimo, fue un día caluroso, largo y sin ella llegué a las cinco de la tarde.

Habíamos quedado con el grupo que todos nos íbamos a encontrar en Melide para comer pulpo,  porque la gente decía que era un buen lugar para comerlo. Solamente teníamos que caminar 15 kilómetros desde Palas de Rei para tener el famoso pulpito en la boca. Así que me desperté temprano, estaba un poco cansada del día anterior y también conciliar el sueño estuvo un poco difícil. Al lado del hostal había un pequeño bar en donde algunos de los trabajadores se habían ido a tomar e hicieron bastante ruido. Mi capsula estaba al lado de la ventana y no podía cerrarla porque también hacía un poco de calor.

El camino entre Palas de Rei y Melide me pareció muy lindo. Lleno de bosques, árboles y la via era de tierra. Muchas veces en El Camino de Santiago de Compostela nos encontraremos caminando al lado de la carretera o sobre pavimento, pero este estrecho fue entre naturaleza. Como a la hora, me topé con Rafa quien iba con sus palitos de caminar, caminé un poco con él y luego me adelanté. Al llegar a Melide, pasas por un pueblo con casitas hechas de piedra, se ven bastante viejas y le da un toque mágico al lugar. Siempre nos vamos a topar con los puentes que tienen arco, que en lo personal me trasladan a muchos años atrás y me imagino cuántas personas pasaron por ahí antes que mis pies lo hicieran.

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A eso de las 11 de la mañana llegué a Melide y en una de las primera pulperias me encontré a Ruben. Esta vez sí se había levantado un poco más temprano y se había adelantado. – Mar, Mar. Eres la primera que llega. Ven siéntate aquí y pide una Estrella. – Me dijo al verme. Él ya se había quitado los zapatos y la mochila estaba sobre la calle. Me senté al lado de él, y el chico de la pulpería nos ofreció a probar el pulpo para convencernos que nos quedáramos. No hacía falta que lo hiciera, si Ruben y yo empezábamos con una cerveza, era posible que nos quedáramos más tiempo. El pulpo estaba delicioso. Hasta el día de hoy, recuerdo lo mucho que disfrutaba comer pulpo en Galicia. Pasaron muchos peregrinos en lo que comíamos nuestro pulpo y tomábamos unas Estrellas. – Buen camino, que disfruten el pulpo. – Saludaban algunos.

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No tenía mucha experiencia con eso de las caminatas

Creo que pasaron dos horas desde que nos sentamos en Melide con Ruben, cuando decidí seguir mi camino. No sabía lo que me esperaba y el sol empezó a calentar muchísimo. Mi mamá me había regalado una bolcita que se convierte en fresa cuando la doblas, esta me sirvió muchísimo en esa etapa. Llevaba mi botella con agua, el bloqueador, una manzana y mis gafas de sol. Eran suficiententes, hasta que el sol empezó a pegar bastante fuerte y no tenía con qué cubrirme. Una vez más, me alegré una vez haber mandado la mochila a Arzúa, con el sol, las subidas y las bajadas.

No fue el camino más difícil, pero sí que fue el más largo y la temperatura me complicó un poco llegar hasta Arzúa. Finalmente lo hice a las cinco de la tarde y cuando llegué al hostal, había un grupo de estudiantes de secundaria que también iban haciendo el camino. Yo quería descansar y ellos con todas las energías del mundo, seguían gritando. Me alegré cuando vi que los estudiantes habían quedado en otra habitación y yo había quedado con los profesores que los acompañaban y que también querían descansar. Tomé una ducha y me metí a la cama un rato, platiqué con la chica que tenía de vecina y me dijo que venía de China.

Como WhatsApp lo facilita todo ahora, el grupo que habíamos creado en Arzúa estaba lleno de mensajes de las chicas y los chicos. Algunos había decidido quedarse antes de llegar a Arzúa y Ruben ya se encontraba en la plaza tomando cervezas. Me uní y conocía a dos chicas españolas más. En algún momento me levanté a pedir algo para comer y al baño. Al momento de salir del restaurante, reconocí al chico que había brindado conmigo en Lestedo. Le dije que lo había visto y me senté un rato con él y otro chico que estaba con él,  recuerdo que era alemán y venía caminando ya dos meses. – Pero no pienso llegar a Santiago de Compostela. No quiero terminar, por eso voy a quedarme antes. – Me dijo. Yo me quedé sorprendida, pero respeté su decisión y su filosofía. Nos quedamos contando historias de camino y de nuestras vidas, mi comida llegó y cuando terminé, regresé a la mesa con Ruben y las chicas.

La noche pasó entre historias de nuestras vidas, contando cada quien de dónde venía, por qué estábamos haciendo el camino, la gente que nos topábamos. Antes de retirarnos cada quien a su hostal pasé a la farmacia comprando una venda porque me sentía que me había lastimado una de las rodillas y me dolía mucho al momento de caminar. Creo que no había alegrado tanto de ver una cama en mi vida, es noche dormí como una piedra. La vergüenza de roncar o no roncar, de dormir cerca de gente a quien nunca había conocido en mi vida que tuve la primera noche, se fueron a dormir conmigo. Cada día estaba más cerca de Santiago de Compostela y no quería estarlo, quería quedarme en el camino.

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El famoso pulpo de Melide

…Buen Camino

 

Pd: Todas las fotos fueron tomadas durante mis días en el Camino Francés.

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